あらすじ
Y cuando todo el mundo se iba y nos quedábamos los dos entre vasos vacíos y ceniceros sucios, que hermoso era saber que estabas ahí como un remanso, solo conmigo al borde de la noche, y que durabas, eras más que el tiempo, eras el que no se iba porque una misma tibieza iba a llamarnos otra vez a despertar al nuevo día, juntos, riendo, despeinados.